Lucas Garcés y una clasificación épica rumbo a los ODESUR: “Tuve que remarla el doble”

La mira estaba fallando y él todavía no lo sabía.

Mientras los mejores tiradores del país competían en La Plata por un lugar en la Selección Argentina de tiro con arco, Lucas Garcés sentía que algo no encajaba. Las flechas no respondían como siempre, los puntos se escapaban y la frustración empezaba a crecer.

Pero el problema no estaba en él.

“La culpa venía para mi técnica, para lo que estaba haciendo, y eso me descolocó muchísimo”, recordó.

Recién después descubrió que el vidrio de la mira se había desaflojado.

Para entonces, ya había perdido una enorme cantidad de puntos en una competencia donde el margen de error prácticamente no existe.

Y ahí empezó otro torneo.

Uno mental.

Porque el sanjuanino no solamente tenía que arreglar el inconveniente técnico. También debía recomponerse emocionalmente en un selectivo que reunía a los mejores arqueros del país y entregaba apenas tres plazas por categoría rumbo a los Juegos ODESUR Rosario 2026, el primer escalón en el ciclo olímpico que concluye en Los Ángeles 2028.

“El segundo día tuve que remarla el doble”, contó.

Y lo hizo.

Garcés logró revertir un arranque complicadísimo y terminó quedándose con uno de los cupos en compuesto masculino para representar a Argentina en Rosario.

Una clasificación enorme para el deporte sanjuanino. Pero también para una historia personal atravesada por la obsesión, la paciencia y una pasión que empezó muchísimo antes de cualquier selección nacional.

Antes de las competencias internacionales. Antes de las concentraciones. Antes incluso de imaginar un ciclo olímpico.

Todo arrancó en el campo. En El Mogote.

“Mi abuelo me hizo el primer arco y la primera flecha”, recordó.

Lucas creció entre su familia, la naturaleza y los juegos improvisados. A los seis años ya recorría el campo tirando con un arco casero. Y aunque todavía era un niño, había algo que parecía estar escrito desde muy temprano.

Tanto, que existe una carta guardada por su mamá donde su hermano, siendo apenas un chico, les pedía a los Reyes Magos “un arco y dos flechas” para Lucas cuando tenía 3 años y no sabía escribir su propia carta.

“No sé de dónde viene, pero desde muy niño sabía que quería tirar con arco”, contó.

Durante años practicó casi en silencio. Sin grandes estructuras alrededor y en una provincia donde el tiro con arco no tiene tradición masiva. Recién en 2022 decidió competir oficialmente, impulsado por un amigo que lo convenció de probar.

Y lo que vino después sorprendió incluso dentro del ambiente.

Ese mismo año entró a la Selección Argentina.

“Por lo general se tardaban tres o cuatro años para llegar a selección. Yo lo logré en uno”, explicó.

La velocidad del crecimiento llamó la atención, pero Lucas encuentra una explicación muy clara: la relación obsesiva que construyó con el deporte.

Mientras otros necesitaban desconectarse después de entrenar, él seguía pensando en cómo mejorar cada detalle técnico.

“Yo siempre estaba pensando cómo mejorar el vuelo de mi flecha, cómo estar más quieto o cómo disparar más preciso”, relató.

Y esa búsqueda permanente terminó transformándose en una identidad propia.

“La pasión y el amor que le puse a cada disparo tiene mi propia marca”, afirmó.

Ahora el escenario cambia de escala.

Rosario 2026 será el inicio formal de un camino internacional mucho más exigente. Un escalón que Lucas observa con ilusión, aunque también con mucha cautela.

“Hay que tener los pies sobre la tierra”, advirtió.

Por eso el trabajo no se detiene. Entrenamientos, kinesiólogos, psicólogos deportivos y preparación mental forman parte de una rutina cada vez más profesional.

Porque el objetivo de fondo ya aparece claramente en el horizonte: Los Ángeles 2028.

El contexto además vuelve todavía más especial este momento. La modalidad compuesto —la especialidad de Garcés— recién fue incorporada oficialmente al programa olímpico.

“Pudieron reconocer que es una categoría muy difícil y muy completa”, explicó sobre el histórico ingreso del compuesto a los Juegos Olímpicos.

Por eso Rosario aparece como mucho más que un torneo.

Es el comienzo de algo más grande.

La posibilidad concreta de que aquel chico que recorría el campo con un arco hecho por su abuelo termine representando al país en el máximo escenario del deporte mundial.

Y aunque todo parezca haber pasado demasiado rápido, Lucas tiene claro que esto no salió de la nada.

Hubo años de insistencia invisible detrás de cada flecha.

Entrevista realizada para el programa En 4D, que se emite por Canal 4.

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