Lo duro de la venganza

Debido a lo repentino que fue armado el viaje, por supuesto que no teníamos entradas para entrar a la cancha a ver el partido contra Croacia. El objetivo, entonces, era ver el partido en el fan fest de Moscú. Y así fue que partimos temprano, para agarrar también el partido de Perú con Francia.

Apenas entrás al Fan Fest, está el Official Fan Shop, donde te venden camisetas, suvenires y demás objetos de origen chino, a precios como si hubiesen sido hechos en Júpiter. El salón, lleno de curiosos como el Lechuza y yo. Las cajas amontonaban chinos, japoneses, árabes y mejicanos haciendo cola. Nosotros salimos por un pasillito para los que no compraron nada.

Una vez afuera, sí ya se respiraba clima de hinchas. Pero hinchas de mundial. Gente pintándose la cara, algún oriental tocando una corneta, otros sacándose fotos con hinchas con otras camisetas. Muchos con una cerveza en la mano. El Lechuza enfiló de una a un puesto de los que venden cerveza. Mientras hacemos la cola, se nos acerca un flaco y, en perfecto español del conurbano bonaerense, nos ofrece entradas para el partido de Argentina vs. Nigeria en San Petersburgo. La cara del Lechuza se iluminó.

-A cuanto?

-850.

-850 qué?

-850 dólares

-850 dólares? Noooo!!!!

-En la puerta del estadio, van a estar a 1000. Las vendo más baratas acá. Allá te va a salir más caro. Acordate que Argentina se va a estar jugando el primer puesto en ese partido.

Tratando de buscar cierta lógica, intervengo:

-Pero qué entradas son? De esas que entrás al palco, y te sirven comida, champagne, y demás?

El flaco, me mira y se ríe:

-No, papu. Estas son categoría 3.

-Ni en pedo! – al Lechuza se le termina la paciencia – A 250 te la compro.

-Piénsenlo. Están baratas. Les conviene.

-Ok, te avisamos – le digo, y giro como para cortar la entrevista

-OK, si se arrepienten, me buscan, papu.

-Sí, te buscamos, papu. – lo despide el Lechuza. Girando como para dar tiempo a que se aleje, la remata:

-Papu-do!

Un silencio se impuso por unos instantes. El Lechuza lo cortó con bronca:

-850 dólares! Como 24 mil pesos!!! Están en pedo!!!

-Ni en pedo pago eso por una entrada.

-Más vale! Además, no creo que reciba tarjeta. Va a estar complicado, sanjua.

-Y sí. Pero vemos. Es el primero que se cruza. Este debe estar en pedo. Vamos a esperar a ver si encontramos a algún cuerdo.

Por la pantalla gigante, se muestra el ingreso a la cancha de los jugadores del partido de Perú-Francia. Los peruanos, que son un montón, empiezan a gritar. Y arrancan con el clásico “Un minuto de silencio… para Chile que está muerto!”. Los argentinos, nos sumamos al grupo para acompañar el canto. Más de 20 mil personas, miran asombrados, sacan fotos y filman. La organización reproduce en las pantallas gigantes el tumulto. Como si hubiese sido orquestado por los coreógrafos más afamados del Bailando, la montonera sincroniza con entusiasmo ese momento en que se agacha para acentuar el silencio prolongado, que dura 2 o 3 segundos, para luego saltar todos, a los gritos, cantando la parte de “… para Chile que está muerto. Ea ea ea ea…”. En ese momento, le cruzo un brazo por sobre los hombros al Lechuza. Él debe pensar que es para sostenerme, e impulsar más alto el salto. La verdad, es que lo hago para agradecerle internamente, el haberme insistido para que venga.

El resto, es casi todo conocido. Perú perdió, y se quedó afuera. Los peruanos, con una actitud que merece reconocimiento, continuaban de fiesta. A pesar de la descalificación, ellos vinieron a una fiesta, y así lo viven. Hay cierta desilusión, pero se van felices igual, a tomarse unos piscos en algún rincón de Moscú.

Después el maldito partido de Argentina. O mejor dicho, el partido que debía jugar Argentina, y no lo jugó. Cada gol croata, era un puñal en un riñón. El grito enfermizo de júbilo de algunos brasileros, se encargaba de revolver ese puñal, para que escarbe más profundo. Los argentinos con la jeta larga. Los alemanes y brasileros, re chupadazos ya, no paraban de cantar, gritar y festejar. Un oriental seguía gritando a favor de Messi. A la salida, nos cruzamos de nuevo al papu, que nos tira:

-Ahora está a 600 dólares.

-Metétela en el orto, le dice el Lechuza.

Puteando bajo, y desanimados, salimos del fan fest. Lo último que alcanzo a divisar, es a un gordito, medio gringón, con la camiseta del rey Arturo, con una cara llena de felicidad.

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