María Florencia Díaz Philippi y una victoria entre lágrimas: “Esa sí va a ser definitivamente mi despedida”

Hay victorias que se buscan durante meses y otras que llegan cuando las dudas pesan más que las certezas. Para María Florencia Díaz Philippi, el triunfo en el IRONMAN 70.3 Buenos Aires tuvo un poco de ambas cosas: la ambición de una deportista que siempre compite para ganar y la sorpresa de conseguirlo cuando ni siquiera sabía si iba a poder presentarse.

La triatleta sanjuanina se quedó con la clasificación femenina de la prueba disputada el 4 de octubre de 2026, en Palermo, después de completar los 113 kilómetros en 4 horas, 40 minutos y 16 segundos. Sin embargo, el resultado fue mucho más que una victoria deportiva. A sus 46 años, y mientras empieza a pensar en el cierre de su etapa en las grandes distancias, Florencia encontró una razón más para emocionarse: la posibilidad de que su última carrera de este nivel tenga lugar en su provincia.

“Sinceramente, me pilló por sorpresa ganarlo y me emocioné muchísimo”, reconoció en una entrevista con el programa En 4D. Detrás de esa frase hay una preparación interrumpida, un regreso a la competencia después de un año y una deportista que, pese a su experiencia, todavía puede encontrarse con resultados capaces de desbordarla.

Una victoria que no estaba asegurada

Díaz Philippi llegó a Buenos Aires con la intención de competir al máximo, como acostumbra hacerlo. Pero el camino previo estuvo lejos de ser ideal. Dos semanas antes había corrido el maratón de Buenos Aires y, después de esa exigencia, se enfermó. El descanso obligado le impidió entrenar con normalidad y puso en duda su participación.

“Las carreras yo siempre me las preparo con intención, siempre me gusta ir a por todo, pero los resultados no dependen de uno solamente, sino también de los competidores”, explicó. La posibilidad de ganar estaba presente, aunque las condiciones físicas con las que llegaba no le permitían anticipar el desenlace.

La incertidumbre no terminaba allí. Su última competencia de triatlón había sido un año antes, en Kona, Hawái, donde participó del Mundial de la distancia completa. Desde entonces, no había vuelto a enfrentarse a una prueba de esas características. La victoria en Palermo llegó, por lo tanto, en un regreso que también representaba una incógnita personal.

La emoción se hizo evidente al cruzar la meta. Los anteojos que llevaba puestos no alcanzaron para ocultar las lágrimas ni para disimular lo que estaba sintiendo.

“Me quedé sin aire de la emoción que tenía”, contó entre risas al recordar aquel momento. No era solamente la alegría de haber ganado, sino también el desahogo después de presentarse con dudas y descubrir que todavía tenía mucho para dar.

Una carrera que se construyó entre el agua, la bicicleta y el esfuerzo

El IRONMAN 70.3 exige completar 1,9 kilómetros de natación, 90 kilómetros de ciclismo y 21,1 kilómetros de pedestrismo. Son 113 kilómetros que obligan a administrar la energía, interpretar las sensaciones del cuerpo y tomar decisiones en cada etapa.

Para la sanjuanina, el comienzo fue particularmente exigente. El agua del Lago de Regatas de Palermo estaba muy fría y la concentración de competidores durante la natación convirtió los primeros minutos en una experiencia incómoda.

“Primero fue un shock durísimo”, recordó. Después de superar ese impacto inicial, logró acomodarse en el recorrido y salir del agua con una sensación relativamente positiva, aunque consciente de que no estaba en condiciones de alcanzar su mejor tiempo.

En la bicicleta, una de sus fortalezas actuales, tampoco se sintió al ciento por ciento. Aun así, pudo sostener un rendimiento que le permitió llegar a la última disciplina con una ventaja importante.

El verdadero desafío apareció al comenzar a correr. Las piernas le pesaban desde el primer minuto y el cansancio acumulado amenazaba con convertir los kilómetros finales en una prueba de resistencia todavía mayor.

En ese momento apareció una ayuda fundamental: la de su marido, que seguía la carrera y le transmitía información sobre la diferencia con sus rivales.

“Tenía a mi marido ahí dictándome, diciéndome que tenía margen, que tenía cinco minutos con la segunda chica”, relató.

Esa referencia le permitió manejar el esfuerzo sin desesperarse por buscar un ritmo que su cuerpo no podía sostener. Consciente de que no estaba realizando su mejor tramo a pie, encontró la manera de defender la ventaja.

“Ese margen me permitió correr una carrera más bien mediocre, pero por lo menos me permitió ganar con cierta tranquilidad”, reconoció con la sinceridad de quien conoce sus posibilidades y también sabe reconocer las dificultades de una competencia.

La experiencia de Kona y una nueva manera de mirar el futuro

La victoria en Buenos Aires tiene un antecedente importante en la trayectoria de la sanjuanina. En 2025 consiguió el tercer puesto de su categoría en el Mundial de Kona, Hawái, uno de los grandes hitos de su recorrido deportivo.

Ella misma considera aquella actuación como el logro de mayor peso en su carrera. Era el objetivo al que había apostado y una conquista que exigió una preparación específica para competir al máximo nivel.

Sin embargo, el triunfo argentino tuvo un significado diferente. Esta vez no llegó con la seguridad de encontrarse en las mejores condiciones, sino después de una enfermedad y un período sin entrenamientos. Por eso, la sorpresa y la emoción fueron tan profundas.

Además, hay una cuestión personal que atraviesa esta etapa. A los 46 años, Florencia empieza a pensar en el final de su recorrido en las grandes distancias del triatlón, aunque eso no significa abandonar el deporte.

“Sí voy a seguir con el deporte, pero creo que ya cosas así, tan gigantes, tan grandes como este tipo de carreras, ya no”, explicó. La recuperación después de esfuerzos tan exigentes comienza a demandarle más tiempo y eso la lleva a considerar desafíos de menor duración.

Los 42 kilómetros del maratón, disciplina de la que surgió su vínculo con las carreras de resistencia, seguirán formando parte de sus intereses. La idea es continuar activa, pero con otra planificación y objetivos acordes con el momento que atraviesa.

San Juan, el escenario elegido para cerrar un ciclo

En ese horizonte aparece una competencia especial. El domingo 1 de noviembre, San Juan recibirá por primera vez un IRONMAN de distancia completa, con un recorrido de 226 kilómetros: 3,8 de natación, 180 de ciclismo y 42,2 de pedestrismo.

Para Díaz Philippi, la prueba representa mucho más que un nuevo desafío del calendario. Su intención es intentar participar y convertirla en la despedida definitiva de las grandes distancias, siempre que su recuperación y la preparación de las semanas previas se lo permitan.

“Mi intención real era terminar mi carrera aquí en Argentina. Quería que fuera en Buenos Aires y, obviamente, quiero hacer el full de San Juan”, señaló.

La posibilidad de competir en su provincia tiene un valor particular. La sanjuanina conoce el territorio y ya participó del 70.3 local durante el segundo año en que se realizó. Además, considera que San Juan reúne condiciones ideales para la práctica del triatlón y para una prueba tan exigente como la distancia completa.

De todos modos, no quiere anticipar nada. La enfermedad y las dos semanas sin entrenar le quitaron parte del volumen necesario para afrontar una competencia de semejante magnitud. Por eso, la decisión dependerá de cómo evolucione durante los próximos días y de cuánto pueda recuperar antes de la largada.

Si finalmente se presenta, el objetivo será diferente al de otras carreras. La ambición competitiva seguirá ahí, pero no quiere convertir el posible adiós en una obligación de conseguir determinado resultado.

“Realmente quiero ir a disfrutar, así va a ser mi última carrera”, afirmó.

Hay otra razón que vuelve especial esa meta: después de dos años, volverá a encontrarse con amigas y personas cercanas a las que hace mucho tiempo no ve. La despedida, si se concreta, tendrá también el componente del reencuentro y de volver a correr frente a su gente.

Cuando le preguntaron cómo imaginaba ese momento, no necesitó demasiadas explicaciones. Anticipó que podría emocionarse incluso más que en Buenos Aires, hasta el punto de quedarse sin aire otra vez. Esta vez, las lágrimas no llegarían por una victoria inesperada, sino por el significado de cerrar una etapa en el lugar al que siente que pertenece.

El próximo desafío de María Florencia Díaz Philippi será recuperarse, evaluar sus posibilidades y llegar al 1 de noviembre con la ilusión intacta. El resultado todavía es una incógnita, pero hay algo que ya tiene claro: si puede estar en la largada del IRONMAN San Juan, quiere que esa llegada sea para disfrutar, abrazar a los suyos y despedirse de las grandes distancias en casa.

Entrevista realizada para el programa En 4D, que se emite por Canal 4.

El video completo se encuentra al final de la nota.

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