Desde Media Agua, departamento Sarmiento, hasta Mar del Plata. Para Martina Romero, el viaje a los Juegos Nacionales Juveniles Evita significa mucho más que una competencia deportiva.
La jugadora del Club Social y Deportivo Media Agua integra el seleccionado sanjuanino de vóley indoor y participa por primera vez en esta cita nacional. Llegó con la ilusión de defender los colores de su provincia, pero también con una oportunidad que seguramente recordará toda su vida: conocer el mar por primera vez.
Una experiencia que trasciende el deporte
Martina forma parte de una delegación que reúne a jóvenes de distintos departamentos de San Juan. En Mar del Plata, además de competir, comparte jornadas con deportistas de otras provincias y vive experiencias que van más allá de los resultados.
Su primer encuentro con el mar se convirtió en uno de los momentos más especiales del viaje. Una vivencia que refleja cómo el deporte puede abrir caminos, generar vínculos y acercar oportunidades que, en muchos casos, parecen lejanas.
La historia de Martina representa a tantos jóvenes que encuentran en una competencia nacional la posibilidad de conocer nuevos lugares, compartir con otros deportistas y cumplir sueños personales.
El acompañamiento para que los jóvenes puedan viajar
Para que Martina y los otros 414 integrantes de la delegación sanjuanina pudieran llegar a Mar del Plata, fue fundamental el acompañamiento del Gobierno de San Juan, que asumió el costo del traslado de los 415 representantes provinciales.
La iniciativa permite que chicos y chicas de distintos puntos de la provincia participen de los Juegos y tengan acceso a una experiencia deportiva y social de alcance nacional.
El viaje busca garantizar oportunidades de competencia, integración y representación para jóvenes sanjuaninos, con el deporte como herramienta de inclusión.
Un recuerdo para toda la vida
Martina llegó a Mar del Plata para jugar al vóley y representar a San Juan. Desde Media Agua, llevó consigo la ilusión de competir en un torneo nacional.
Pero esta experiencia le dejará también un recuerdo que no depende de ningún marcador: haber visto el mar por primera vez.
Una historia que demuestra que, muchas veces, el verdadero premio del deporte está en todo lo que sucede fuera de la cancha.