San Juan Rugby necesitaba una respuesta después de cuatro derrotas consecutivas en el Top 8 Oro. La encontró en el partido que todos quieren ganar: el clásico sanjuanino ante Universitario. El 8 de agosto, en Pocito, el Piuquén se impuso 22-15 como visitante y volvió a mirar hacia adelante con otra confianza.
En ese triunfo, Bautista Dománico tuvo un papel determinante. El tercera línea fue elegido como Man of the Match y aportó la intensidad que caracteriza su juego, especialmente en defensa y en los puntos de contacto.
Pero para el joven jugador, el valor de la victoria no estuvo solamente en haber derrotado al rival de toda la vida. Después de una racha adversa, el clásico apareció como una oportunidad para recuperar sensaciones.
“Más que nada nos deja un buen sabor después de venir de los últimos cuatro partidos a haber perdido. Más allá del gustito de poder ganar un clásico, que está buenísimo y no siempre se puede, también nos vino muy bien como una motivación para seguir adelante y encarar los siguientes partidos.”
La recuperación tuvo una explicación concreta. San Juan RC logró ejecutar el plan diseñado durante la semana y encontró en la defensa una de sus principales fortalezas.
“Principalmente cumplir el plan de juego, plasmarlo al 100% lo que nos dijeron los entrenadores”, explicó Dománico, quien destacó el trabajo en los primeros metros, el scrum y el line. Pero hubo un aspecto que, para él, terminó inclinando la balanza: la defensa.
“Funcionó a la perfección nuestra defensa. Fuimos duros en defensa, como nos lo había planteado el entrenador. Ese también fue para mí el factor más clave para llevarnos este partido.”
De mirar a sus referentes a compartir cancha con ellos
El clásico tuvo un significado todavía mayor para Dománico porque atraviesa su primer año en Primera. Es el momento que imaginó durante buena parte de su infancia y que ahora empieza a convertirse en realidad.
El recorrido comenzó cuando tenía apenas cinco años. Desde entonces, el rugby fue ocupando un lugar central en su vida y también apareció un sueño: jugar algún día junto a los mayores del club.
Ahora ese sueño ya no está en el futuro.
“Realmente es un sueño. Yo juego al rugby desde los cinco años y desde que soy muy chiquito siempre he querido llegar a jugar con los más grandes.”
La diferencia, cuenta, es enorme. Durante años los observó desde afuera, como referentes. Hoy los tiene al lado, entrenando y compitiendo por los mismos objetivos.
“Es muy distinto verlos desde un costado a vivirlos ahí adentro. Realmente es algo que siempre quise vivirlo y vivirlo en sí ya sinceramente es un regalo”, expresó.
Entre esos referentes hay uno que ocupa un lugar especial: Juan Pablo Banier, conocido como el Tuli. Dománico lo veía jugar desde chico, además en su misma posición, y soñaba con compartir una cancha con él.
“Yo desde chiquito lo veía. Él jugaba en mi posición y decía qué ganas de jugar con él, qué ganas de entrenar con él. Y de estar así dos o tres años atrás a hoy encontrarme compartiendo cancha con él es realmente una locura.”
La frase resume uno de los aspectos más significativos de su presente: aquello que alguna vez parecía lejano ahora forma parte de su realidad.
Un jugador que entiende su rol
Dentro de la cancha, Dománico tiene claro qué puede aportar. Con 1,82 metros y 95 kilos, el tercera línea se caracteriza por su presencia física, pero entiende que su aporte no pasa únicamente por el contacto.
Llevar la pelota hacia adelante, tacklear, ser aguerrido en defensa y respetar las indicaciones del cuerpo técnico forman parte de su manera de entender el juego.
“Creo que pasó más que nada con llevar la pelota adelante. Creo que es uno de los factores con los que más puedo ayudar al equipo. Ser aguerrido en defensa en lo que pueda, tacleando desde ese punto de encuentro y siempre tratando de cumplir el plan de juego que me piden.”
Para un jugador que recién comienza a consolidarse en Primera, esa mirada también habla de madurez. No busca medir su rendimiento únicamente por una acción individual, sino por cuánto puede contribuir al funcionamiento colectivo.
“Si yo creo que cumplo con eso, yo puedo sentirme satisfecho de que puedo haber hecho un buen partido”, sostuvo.
Y ese aprendizaje se construye partido a partido. De los tres clásicos que disputó durante este año, comenzó uno como suplente y los últimos dos como titular. El balance es favorable para San Juan RC, que ganó dos.
Pero Dománico pone el foco en algo más amplio.
“Más allá de haber perdido o ganado, la experiencia de jugar un clásico siempre suma muchísimo”, aseguró.
El desafío que sigue: volver a pelear arriba
El triunfo ante Universitario no borró lo ocurrido durante la primera mitad del campeonato, pero sí modificó el ánimo del plantel. San Juan Rugby volvió a sentirse competitivo y recuperó un objetivo que todavía considera posible: clasificar a semifinales del Top 8 Oro.
Dománico lo asume como una meta colectiva, pero también como una responsabilidad personal.
“Tenemos un objetivo en común todos, que yo también me lo he propuesto y estoy trabajando para aportar mi granito de arena en ese bien mayor que queremos buscar, que es jugar los play-offs, clasificar a semifinales del Top 8.”
El camino todavía exige trabajo. El equipo deberá sostener la reacción y transformar la victoria del clásico en una plataforma para los próximos compromisos.
“Con ganar este partido, volver a la victoria, yo creo que se puede y que lo vamos a ir laburando a mil porque es un objetivo que lo vemos y que se puede”, afirmó el tercera línea.
El rugby como lugar de pertenencia
Detrás del jugador que aparece en la cancha hay también un joven que encontró en el club mucho más que un espacio para competir.
Dománico lleva 13 años jugando al rugby. En un deporte que demanda entrenamientos, disciplina, esfuerzo físico y compromiso, la explicación de por qué continúa dedicándole tantas horas es sencilla.
“Me divierte, más que nada. Me gusta estar en el club, me gusta entrenar, me gusta ver amigos, ver familia.”
No habla solamente de resultados ni de objetivos deportivos. Habla de pertenencia. De ese vínculo con el club que hizo que el rugby se convirtiera en una parte importante de su vida.
“Realmente lo hago y le dedico tanto tiempo porque es lo que me hace feliz y me divierte en el día a día”, resumió.
Y aunque el presente ya representa un sueño cumplido, Dománico no quiere quedarse ahí. Su ambición va más allá de consolidarse en Primera.
Tiene otra meta, todavía más grande: intentar convertir su pasión en una profesión.
“Me encantaría en algún momento de mi vida y si se puede tratar de hacerlo profesionalmente. Me gusta mucho y entreno mucho para eso y ojalá que algún día se me haga.”
Por ahora, el camino pasa por afianzarse en el primer equipo de San Juan Rugby, sostener su crecimiento y ayudar al Piuquén a meterse en las semifinales del Top 8 Oro. El clásico ya quedó atrás, pero dejó algo más que una victoria: para Bautista Dománico, fue otra confirmación de que aquel sueño que comenzó a los cinco años empieza, poco a poco, a hacerse realidad.
Entrevista realizada para el programa En 4D, que se emite por Canal 4.
El video completo se encuentra al final de la nota.