En el Barrio Franklin Rawson los chicos crecen soñando deporte

Ya pasaron algunos minutos de las 18 y en el barrio Franklin Rawson ya comenzó la actividad. Mientras una veintena de nenas y nenes juegan al hockey en el playón, otro grupo de adolescentes se divierten jugando al fútbol. Unos metros más allá, un grupo de mamás ordena ropa que les donaron y otras mujeres se encargan de terminar con la merienda para los chicos. Todo eso ocurre en la Unión Vecinal de ese barrio que encontró la llave de la contención en las escuelitas de deportes, con las que atraen a pequeños y grandes con el único fin de sacarlos de la calle.

«Esto -señalando al playón- era un descampado. Una canchita de tierra que rastrillaban los chicos para poder jugar y brotaban las piedras. Se hizo un gran esfuerzo y el municipio colaboró para la construcción de este playón. Creemos que el deporte es fundamental para la contención porque siempre decimos «de 10 chicos como no vamos a salvar a dos», es duro pero es una realidad», comentó Carina Atampiz, presidente de la Unión Vecinal. Es que allí asisten a unos 100 chicos y 30 adultos.

El lugar, en el límite de Rawson y Pocito, es un sector ocupado por barrios procedentes de villas erradicadas, se trata de los barrios Los Plátanos, Ansilta, La Quebrada, Los Médanos, Río Blanco-Caracoles, Conjunto 7, Conjunto 4, Conjunto 2, Malimán y lógicamente el Franklin Rawson. «Vienen chicos de todos lados porque las puertas están abiertas para todos. La única condición que tenemos es que cuiden el lugar y que no hagan cosas indebidas, por ejemplo los fines de semana le prestamos el playón a los más grandes con la condición de que no se puede traer bebidas alcohólicas, todos cumplen esa regla», comentó Adriana Juárez, otra de las referentes del lugar.

Ellas mismas reconocen que muchas veces el barrio está mal catalogado, por eso la misión de ellas es guiar a los chicos: «En varios campeonatos que competimos hemos recibido premios Fair Play por el buen comportamiento y eso es algo que nos llena de orgullo porque venimos trabajando por eso hace años. Estos chicos que ya pasaron los 18 años crecieron acá jugando y son quienes ahora nos ayudan a guiar a los más chicos. Por ahí estamos mal catalogados porque es gente de villas erradicadas pero en realidad encontrás chicos con espíritu de salida», comentó Atampiz quien agregó que son los mismos jóvenes quienes se encargan de mantener el lugar, ya sea pintando los pilares o arreglar la tela que delimita el lugar.

Allí practican fútbol, masculino y femenino, hockey sobre pista mixto y vóleibol mixto. Cuentan con el respaldo del municipio que les brinda los sticks, las bochas y las pelotas, aunque también la Comisión que integran unas 15 mujeres del barrio, reúnen los fondos y van comprando como pueden más material. «Hace poco compramos una pelota de voley y ahora vamos por la red», comentó Juárez.

Si bien el deporte es el primer aliado para la contención, en el Franklin Rawson también se brinda ayuda a través de la religión con grupos católicos que brindan catequesis y también grupos evangélicos que visitan el lugar. «Todo lo que sea para salvar a los chicos es bienvenido», argumentaron.

Fuente: Diario de Cuyo

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