Hay deportistas que celebran los podios. Otros, en cambio, encuentran en una competencia sin medallas el punto de partida para crecer. Mauro Czybuk pertenece a este segundo grupo. El nadador sanjuanino de apenas 16 años regresó del Panam Aquatics Swimming Championship Ibagué 2026, disputado en Colombia, con una sensación que todavía lo acompaña: la de no haber podido mostrar todo lo que había preparado durante meses.
Sin embargo, lejos de buscar explicaciones externas, eligió el camino más difícil. El de la autocrítica.
«Me quedó esa espinita de ir y bajar los tiempos», resumió, en una frase que refleja la exigencia con la que vive cada competencia y que, al mismo tiempo, explica por qué hoy es considerado una de las principales proyecciones de la natación argentina.
Llegar al Panamericano no fue casualidad. Fue el resultado de un semestre de enorme crecimiento deportivo, coronado con actuaciones sobresalientes en el Campeonato República de Juveniles y Juniors, donde obtuvo dos títulos nacionales, tres subcampeonatos y un tercer puesto, resultados que le abrieron definitivamente las puertas de la Selección Argentina.
Pero para Czybuk, clasificar nunca fue el objetivo final.
«Estuve un mes y medio allá, forzándome todos los días, viviendo solo, tratando de hacer las cosas bien. Me quedó esa espinita de ir y bajar los tiempos», explicó al recordar la preparación previa al viaje a Colombia.
Ese proceso significó mucho más que entrenar. Implicó mudarse temporalmente a Campana, donde este año se incorporó al Club SER, compartiendo entrenamientos dentro de un ambiente de alto rendimiento que tiene como una de sus referentes a Agostina Hein, una de las máximas figuras de la natación argentina.
Mientras tanto, cuando vuelve a San Juan, continúa trabajando junto a Matías Cordero, entrenador del Club Almendros, sosteniendo un esquema de preparación que combina ambos procesos y le permite seguir evolucionando.
Aprender incluso cuando el resultado no acompaña
Después del campeonato llegó el momento del análisis.
Como sucede en cada competencia importante, Mauro y su entrenador revisaron cada detalle para entender qué ocurrió y cómo transformar la experiencia en aprendizaje.
Uno de los factores que identificó fue el cambio de condiciones ambientales.
«Pasar de cero a 1.300 metros de altura también conlleva algo. Los primeros días me costaba respirar, sentía esa falta de oxígeno», explicó sobre las primeras jornadas en Ibagué.
Pero inmediatamente volvió a mirar hacia adentro.
«También siento que a veces me doy gustitos de más. Creo que esa fue una parte importante para no llegar más allá», reconoció con una sinceridad poco habitual para un deportista de su edad.
Esa capacidad para asumir responsabilidades sin esconderse detrás de las circunstancias habla de una madurez que excede el cronómetro.
Mientras muchos atletas buscan justificar un resultado, Mauro prefiere encontrar respuestas.
La próxima versión ya empezó a construirse
El Panamericano marcó el cierre de una etapa, pero también el comienzo de otra.
Durante la preparación para Colombia, entrenador y nadador decidieron no modificar aspectos técnicos importantes para evitar alterar una mecánica consolidada a pocas semanas de una competencia internacional.
Ahora el escenario cambió.
«Hablamos con mi entrenador de centrarnos en lo que podemos mejorar. Preferimos dejar esos cambios para después del torneo», contó.
La segunda mitad del año estará dedicada a experimentar.
A probar variantes técnicas, analizar sensaciones y descubrir qué herramientas pueden acercarlo a un rendimiento superior.
«Vamos a probar qué me sirve y qué no, trabajando mucho el gimnasio para ganar fuerza y potencia», explicó.
Cada cuerpo responde de manera diferente en el agua, y Mauro quiere conocer el suyo en profundidad para seguir creciendo.
La natación como forma de vida
Hace 13 años que la natación ocupa un lugar central en su vida.
Entrena desde los tres años y reconoce que el deporte ya forma parte de su rutina diaria.
Sin embargo, también aprendió que el alto rendimiento necesita equilibrio.
«Hay veces que seguir siempre la misma rutina te empieza a aburrir y sentís como que sos una máquina», confesó.
Por eso intenta mantener un clima distinto durante los entrenamientos.
«Está bien estar centrado, pero también está bueno divertirse, tirar un chiste y pasarla bien entrenando», expresó.
Esa mirada también explica parte de su personalidad: un competidor exigente dentro del agua, pero que entiende que disfrutar del camino también forma parte del rendimiento.
Un presente que ilusiona y un futuro por construir
Aunque el Panamericano no terminó como esperaba en lo individual, la experiencia volvió a confirmar que Mauro forma parte de una generación que está llevando a la Selección Argentina a competir entre las mejores del continente. De hecho, el equipo nacional finalizó subcampeón de la tabla general del certamen, reflejando el crecimiento colectivo de la natación argentina.
En el caso del sanjuanino, además, el contexto potencia todavía más sus logros. Esta es su primera temporada dentro de la categoría Juveniles (16 a 18 años) y ya logró consolidarse entre los mejores del país, ganándose un lugar en competencias internacionales de primer nivel.
Con la experiencia acumulada en Colombia, el trabajo que realiza entre Campana y San Juan y una enorme capacidad para transformar la frustración en motivación, Mauro Czybuk continúa construyendo un camino que recién empieza.
El próximo objetivo ya está en marcha y, para un nadador que nunca se conforma, esa «espinita» puede terminar convirtiéndose en el impulso que lo lleve todavía más lejos.
Entrevista realizada para el programa En 4D, que se emite por Canal 4.
El video completo se encuentra al final de la nota.