A veces las grandes historias del deporte no nacen de los campeones. Nacen de esos equipos que viajan sin hacer ruido, con un plantel incompleto, improvisando entrenamientos y sabiendo que cualquier lesión puede cambiarlo todo. Eso fue exactamente lo que vivió Alianza en el Campeonato Nacional de Handball Social, donde terminó escribiendo una de las páginas más importantes de su historia.
El conjunto sanjuanino regresó con el subcampeonato nacional y, sobre todo, con una noticia que transformó la tristeza de la derrota en una celebración: la clasificación al próximo Sudamericano de Clubes, un objetivo que ni siquiera estaba en los planes antes de emprender el viaje.
«No pensábamos llegar tan lejos», resume Juan Castilla. Una frase sencilla que refleja mejor que cualquier resultado lo que significó este torneo para un grupo que debió superar obstáculos desde el primer día.
Un equipo golpeado que nunca dejó de competir
El Nacional comenzó con dificultades. Por cuestiones laborales, varios jugadores no pudieron viajar y Alianza debió afrontar la competencia con apenas doce integrantes.
Como si eso fuera poco, el propio Castilla sufrió un desgarro durante el primer partido y el panorama se complicó aún más cuando otro compañero se fracturó la clavícula en semifinales.
«Fuimos con un equipo muy corto. Yo sufrí un desgarro en el primer partido y después se lesionó otro chico. Llegamos a la final muy desgastados físicamente», recordó.
La exigencia del torneo tampoco dio respiro. La semifinal terminó cerca del mediodía y apenas unas horas después el equipo ya estaba disputando la final.
Sin embargo, nunca dejó de competir.
Según Castilla, el sello del equipo apareció desde el primer encuentro.
«Lo fuerte que nos destacó fue la defensa. Fue muy dura, muy agresiva y muy rápida. Eso provocó muchos errores del rival y nos fortaleció mucho.»
Esa intensidad defensiva compensó el desgaste físico y permitió que un grupo de amigos, acostumbrado a jugar junto desde hace años, fuera eliminando rivales hasta instalarse en el partido decisivo.
De la tristeza al desahogo
La derrota en la final dejó un sabor amargo. Alianza cayó por una diferencia mínima frente a ETEPSE de Santiago del Estero después de un encuentro muy parejo.
«Estábamos tristes porque estuvimos ahí nomás. Perdimos por muy poco y sentimos que podíamos lograrlo.»
Pero mientras todavía intentaban asimilar el resultado llegó una noticia inesperada.
Los dos finalistas obtenían la clasificación al Sudamericano.
La reacción fue inmediata.
«Cuando nos dieron la noticia de que íbamos a clasificar a un Sudamericano nos cambió la cara. Había que estar contentos con lo que habíamos logrado porque no pensábamos llegar tan lejos.»
Castilla, uno de los jugadores con mayor experiencia del plantel, asumió entonces otro rol.
Muchos de los más jóvenes terminaron llorando después de perder la final.
Él decidió recordarles que el deporte también premia los procesos.
«Les hablé de la experiencia que tengo en los nacionales y les dije que esto era algo para disfrutar. Todavía les queda muchísimo por vivir.»
El crecimiento del handball social sanjuanino
La actuación de Alianza también refleja la evolución que viene experimentando el handball social en San Juan.
Una competencia que comenzó casi como una reunión entre amigos hoy reúne a una importante cantidad de equipos y continúa creciendo temporada tras temporada.
«La liga nació entre cuatro o cinco locos que queríamos seguir jugando. Hoy tenemos veinte equipos entre mujeres y varones.»
Castilla es uno de los impulsores de ese proyecto.
Además de competir, trabaja en la organización de la liga y participa activamente para que más personas se acerquen al deporte.
El objetivo nunca fue económico.
«Esto no lo hacemos para ganar plata. Lo hacemos para seguir jugando.»
Incluso el cierre de cada campeonato se transformó en una verdadera fiesta para los participantes, con premiaciones, reconocimientos y espectáculos que fortalecen el sentido de pertenencia de toda la comunidad.
Una vida dedicada al handball
Cuando habla del deporte, Castilla deja de hacerlo únicamente como jugador.
Habla como alguien que encontró allí una forma de vida.
Hace más de dos décadas comparte equipo con muchos de sus compañeros y asegura que esa convivencia terminó convirtiéndolos en una familia.
«El handball tiene una unión diferente a cualquier otro deporte que jugué. Mis compañeros son mi familia.»
Su compromiso va mucho más allá de entrar a una cancha.
También es dirigente de la liga, árbitro y colaborador de otros equipos cuando necesitan ayuda.
«Si un equipo me llama para darle una mano en un entrenamiento, voy. Trato de que todos apuntemos a lo mismo porque el crecimiento tiene que ser para todo el handball.»
Esa mirada colectiva explica gran parte del presente que vive la disciplina en la provincia.
El Sudamericano ya empezó a jugarse
La clasificación internacional modificó por completo la planificación del equipo.
Si hasta ahora muchas veces entrenaban de manera esporádica por falta de horarios e infraestructura, el desafío internacional obliga a cambiar la preparación.
«Ya empezamos a buscar un lugar para entrenar con más tiempo, ver qué nos hace falta y empezar a meternos mucho más de cabeza.»
El objetivo será llegar de la mejor manera al Sudamericano y representar a San Juan en una competencia internacional que parecía impensada apenas unos días atrás.
Porque, aunque el título nacional quedó a muy poco, Alianza regresó con algo todavía más importante: la certeza de que el trabajo colectivo, la amistad y el compromiso pueden llevar a un grupo mucho más lejos de lo que imaginaba.
Entrevista realizada para el programa En 4D, que se emite por Canal 4.
El video completo se encuentra al final de la nota.