Ariana Correa, la piloto sanjuanina de 15 años que subió al podio del Bonaerense de Velocidad

Ariana Correa tiene 15 años y un futuro tan acelerado como sus motos. La joven piloto sanjuanina cerró una temporada inolvidable en el Campeonato Bonaerense de Velocidad, donde compitió tanto en la Copa Damas como en la categoría masculina de 250cc. Después de un año extenso, de viajes, entrenamientos y mucho aprendizaje, terminó tercera en la clasificación general. Un logro enorme para su edad, que ella misma valora con una madurez sorprendente.

“Estuve compitiendo en el Campeonato de Buenos Aires, Copa Damas, compitiendo también con hombres en 250 y finalicé en el tercer puesto”, describe Ariana. Sus resultados hablan por sí solos, pero para ella lo más importante es la experiencia acumulada: “Hubo carreras muy buenas y otras no tanto, pero en todas salgo aprendiendo”.

Su vínculo con el motociclismo nació en casa. Lo heredó directamente de su familia, especialmente de su papá, que es quien la prepara en cada carrera. “Es un gusto raro… a unos les gusta el fútbol, a nosotros los fierros”, dice entre risas. A Ariana no solo le apasiona la velocidad, también la adrenalina de cada largada. Y en ese punto, su historia personal tiene un capítulo especial: de chica, cada vez que se acercaba la salida, la moto se le apagaba.

Ese recuerdo la marcó. Durante varios años, las largadas eran un desafío emocional más que técnico. Sin embargo, este 2025 fue diferente. Ariana volvió al autódromo Gálvez, el mismo circuito donde vivió su peor experiencia en 2022, cuando lloró gran parte de la carrera con una moto prestada que fallaba. Esta vez, todo cambió. “Cada entrenamiento bajaba dos o tres segundos. Bajé mi propio récord del 2022”, cuenta con emoción.

Ese contraste —de la frustración al crecimiento— es lo que más resalta de su temporada. Para una piloto tan joven, aprender a manejar la presión y convertirla en motivación es un paso enorme. “No largo perfecto, pero largo bien”, dice con humildad, pero el progreso habla por ella.

Otro pilar fundamental en su crecimiento es su familia. Su papá es mecánico, preparador y soporte técnico; su mamá, la compañía constante en cada viaje, aun con el miedo lógico de tener a una hija en un deporte riesgoso. “Son la base de todo, los que hacen posible que yo esté acá”, expresa Ariana, consciente del esfuerzo de cada uno.

La copa que trajo de Buenos Aires representa mucho más que un podio. Son siete viajes, horas de trabajo, sacrificio, emociones y aprendizajes. “Es un logro muy lindo, algo que nos va a durar toda la vida”, afirma mientras sostiene el trofeo.

Ariana no solo recibió apoyo en las pistas: también la siguen desde San Juan y desde Buenos Aires familiares, amigos y fanáticos del motociclismo que celebran cada avance. Ella lo agradece con una gratitud enorme: “Recibo mucho cariño… no tengo brazos ni piernas para decirles gracias”.

El 2025 la encontró creciendo, aprendiendo y rompiendo sus propios límites. Y si algo queda claro en su relato es que Ariana Correa tiene mucho camino por recorrer. El próximo año será, según ella misma anticipa, uno “muy diferente y con mucha más mejora”.

La entrevista en ‘En 4D’

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